terça-feira, maio 08, 2007

El paladar del espíritu






En el silencio estrellado la Luna daba a la rosa y el
aroma de la noche le henchía -sedienta boca- el paladar
del espíritu, que adurmiendo su congoja se abría al cielo
nocturno de Dios y su Madre toda... Toda cabellos
tranquilos, la Luna, tranquila y sola, acariciaba a la
Tierra con sus cabellos de rosa silvestre, blanca,
escondida... La Tierra, desde sus rocas, exhalaba sus
entrañas fundidas de amor, su aroma ... Entre las zarzas,
su nido, era otra luna la rosa, toda cabellos cuajados en
la cuna, su corola; las cabelleras mejidas de la Luna y
de la rosa y en el crisol de la noche fundidas en
una sola... En el silencio estrellado la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba a la Luna, quieta y sola.


Miguel de Unamuno



pindaro

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